La Ruta Pacífica de las Mujeres celebra 30 años de camino por la paz
El movimiento feminista, pacifista y antimilitarista, que desde su origen ha trabajado por la salida negociada del conflicto armado y por visibilizar los impactos de la guerra en la vida y el cuerpo de las mujeres, ha celebrado estos treinta años con una programación que va del diálogo internacional al encuentro entre las regiones y a la recuperación de su propia memoria.
“Celebrar los 30 años de la Ruta es celebrar tres décadas de rebeldía feminista, de resistencia pacífica, de sororidad y de compromiso inquebrantable con la vida”, afirmó Alejandra Miller. “Es honrar la historia de miles de mujeres que nos negamos a aceptar que la guerra fuera nuestro destino, y que transformamos el dolor en fuerza colectiva para construir una Colombia donde la dignidad de las mujeres y el derecho a la paz sean posibles e irrenunciables”.
La celebración empezó con una mirada al mundo. Los días 10, 11, 17 y 18 de septiembre, la Ruta convocó en línea la Conferencia Internacional de Mujeres de Negro. La invitación se extendió a las Mujeres de Negro y a activistas y organizaciones aliadas de todo el mundo. El encuentro fue un espacio para compartir experiencias, visiones y alternativas a favor de la paz, la vida y la convivencia desde un enfoque feminista, pacifista y antimilitarista.

La Red Internacional de Mujeres de Negro nació en 1988, cuando mujeres israelíes comenzaron a manifestarse en público, vestidas de negro y en silencio, contra la guerra y la ocupación de los territorios palestinos. Desde entonces se han sumado mujeres de países afectados por conflictos armados o solidarias con quienes los padecen, hasta consolidar una red global comprometida con el feminismo, el pacifismo, el antimilitarismo y la defensa de los derechos humanos. Hoy tiene presencia en 21 países de los cinco continentes: Israel, Palestina, Serbia, Italia, España, Turquía, Reino Unido, Dinamarca, Bélgica, Alemania, Austria, Holanda, Finlandia, India, Sudáfrica, Australia, Estados Unidos, Canadá, Uruguay, Argentina y Colombia.
Después, el movimiento miró hacia adentro. En su VI Asamblea Nacional, aproximadamente 100 mujeres de distintas regiones del país se reunieron para reconocer el camino recorrido, fortalecer el movimiento y definir juntas los horizontes que guiarán su acción en los próximos años. Fue un balance de tres décadas tejiendo resistencias, defendiendo la vida y apostándole a una paz feminista, antimilitarista y con justicia para las mujeres y sus territorios.
El 15 de octubre, la conmemoración reunió dos apuestas más: el análisis del presente de la paz en Colombia y la recuperación de la memoria del movimiento. La primera fue la presentación del Octavo Informe de Seguimiento a la Implementación del Acuerdo Final de Paz, titulado La paz que construimos las mujeres: avances, retrocesos y esperanzas tras diez años de la firma del Acuerdo de Paz. El documento llega en un omento simbólico, cuando se cumple una década de la firma, y pone en el centro las experiencias, los derechos y las propuestas de las mujeres en la construcción de paz.
La presentación estuvo acompañada por un panel de mconversación con la periodista Ana Cristina Restrepo, la investigadora Laura Bonilla, Ángela María Robledo y la magistrada Reinere Jaramillo, con la moderación de Alejandra Miller. Las panelistas discutieron distintos enfoques de género en la construcción de paz, los logros alcanzados y las transformaciones que siguen pendientes para que la paz reconozca de verdad las voces y los derechos de las mujeres. El diálogo sirvió también para reconocer las luchas históricas de las mujeres, sus propuestas de paz y su compromiso con transformar realidades marcadas por la violencia, bajo una convicción compartida: sin las mujeres, la paz no es posible. Ana Cristina Restrepo recordó que narrar la paz es, en el fondo, narrar historias de vida, y destacó a las mujeres buscadoras como una fuerza fundamental en la búsqueda de la verdad.
La segunda apuesta fue el lanzamiento del libro Donde florece la paz, están las mujeres: 30 años de la Ruta Pacífica de las Mujeres. La investigación sistematiza la memoria del movimiento y se concentra en su trabajo en memoria, verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Parte de una pregunta: ¿quién sostiene la memoria en una sociedad? La respuesta que propone es clara, son las mujeres, y muestra cómo la Ruta convirtió esa memoria en un espacio para pensar los derechos y las transformaciones necesarias para la paz. El lanzamiento contó con los comentarios de la periodista Martha Ruiz, quien reflexionó sobre la importancia de reconocer y preservar la memoria de las mujeres que, desde sus territorios, han defendido la vida, construido paz y exigido justicia. Para la organización, contar su historia es también una forma de resistir, de honrar a quienes abrieron el camino y de dejar huella para las generaciones que vienen.
Esa memoria tiene geografía. Así lo expresó Marina Gallego, coordinadora nacional de la Ruta: “Desde las costas afrodescendientes, donde el mar canta penas ancestrales, pasando por las cordilleras, donde las mujeres campesinas siembran soberanía, hasta los resguardos indígenas, donde la madre tierra se defiende con el cuerpo, la Ruta ha sabido construir un mapa de afectos”. El libro, junto con su resumen ejecutivo, puede consultarse en la página del aniversario. Allí la Ruta reúne además otros materiales conmemorativos: un pódcast de seis episodios en el que las mujeres del movimiento cuentan cómo han construido paz durante treinta años, una infografía y una línea de tiempo con treinta hitos que recorren esta historia de resistencia.
A diez años del Acuerdo y treinta de camino, la Ruta Pacífica reafirma su compromiso con una paz con justicia de género, participación efectiva y garantías para todas las mujeres. Treinta años caminando juntas por la paz, porque, como repite el movimiento, la vida merece paz.






